Nosotras también jugamos

Corría el verano del año pasado cuando, por motivos personales me decidí a postular por un puesto de entrenador en la Escuela de Fútbol AFE. Las recomendaciones de mi gran amigo Javi Rodríguez fueron vitales para intentar optar a ese puesto. Después de mes y medio sin recibir respuestas más allá del típico “ya te llamaremos”, me ofrecieron en otro club entrenar un “senior”. Acepté encantado. Apenas 6 meses antes, había colgado las botas tras una experiencia muy mala con un club y entrenador que me apartaron del equipo, y con el que la propia AFE me ayudó a defender mis derechos.

Cuando menos te lo esperas, todo sale bien, y así fue. Las mejores cosas llegan de casualidad, porque ni siquiera las presupones, como mi experiencia de este año, que siempre recordaré como una de las mejores que he tenido la suerte de vivir.

A principios de septiembre, me llamaron de la AFE para entrevistarnos y explicarme su proyecto. El puesto para el que me habían citado coincidía en horario con el otro cargo. Casualidades de la vida, el coordinador me comentó que los martes y jueves había dos equipos aún sin entrenador. Un benjamín masculino y un cadete femenino. Después de valorarlo bien, y aunque mi única experiencia con el fútbol femenino hasta ese momento habían sido los entrenamientos y partidos que coincidí en la Ciudad Deportiva de Buñol con el Levante UD Femenino, elegí a las chicas.

Quizás este gran reportaje de Movistar Plus que vi por azar, justo unos días antes de la reunión con AFE, me empujó a tomar esa decisión.

Pedí consejos y traté de sacar información sobre las diferencias que pueden existir entre tratar con un vestuario femenino y uno masculino. Tras 10 meses con ellas, puedo decir que las diferencias son mínimas. Nos centramos demasiado en generar disparidad de cosas banales, cuando lo importante para valorar un equipo debe ser la ilusión, las ganas y el sacrificio que le ponen sus jugadoras. Y en eso, señores, nadie les gana. Al menos a las mías.

Escuela de fútbol AFE

Ahondando en estas cosas sin importancia que llamaron mi atención, una de las curiosidades más impactantes en mis inicios fue cuando me entregaron el botiquín para los partidos. Dentro de él, además de tijeras, esparadrapo y réflex…llevaba compresas. Era algo lógico, pero totalmente nuevo para mí.

Otra cosa que al principio llamó mi atención fue que antes de cada entrenamiento, las jugadoras llegaban de sus colegios con un balón y se ponían a jugar hasta que les abrían el vestuario. Es más, en un viaje que hicimos a Mijas (Málaga) donde fueron dos equipos; un alevín masculino y un infantil femenino, al llegar a la playa los chicos jugaban al pañuelo mientras las niñas se montaron un partido de fútbol con chanclas de porterías. Dos pequeños detalles que muestran la pasión y lo que les gusta este deporte. Y para conseguir cualquier meta la pasión es el mejor motor.

Otra anécdota es que al estar acostumbrado a entrenar equipos de chicos, cuando indicaba una jugada de balón parado defensivo, las decía que marcaran al hombre. A lo que ellas me corregían inmediatamente. También en alguna ocasión me refería a ellas en masculino como portero…delantero…los de peto amarillo…etc. Estos dejes y manías impregnadas en el fútbol son vicios de un deporte que, como me han demostrado a mí, tiene que evolucionar al mismo nivel que lo hace la sociedad. Una acción por ser costumbre no necesariamente tiene que ser buena. Y entre todas tenemos que cambiarlo. Con la paciencia y cariño que lo hicieron las jugadoras conmigo.

Detalles curiosos, pero que se quedan en simplezas frente a evidencias que aún no queremos ver. La realidad es que tras varios meses me di cuenta que la diferencia no viene dada por el género, sino por la personalidad de cada uno. Ellas devuelven la esencia al fútbol, recuperan un deporte limpio, con valores por encima de cualquier interés comercial de esos que alejan a los aficionados de sus equipos, y sobre todo son ejemplo para las nuevas generaciones que tienen que ayudar a que sigamos creciendo. Son honradas, compañeras, y luchan cada balón con la ilusión del que pide una oportunidad. Sin perder tiempo, sin protestar a los árbitros, sin dar patadas sin balón…sólo porque se lo pasan genial y aman jugar. 

Juvenil B femenino AFE

Ellas me han hecho revivir lo mismo que sentía yo cuando estaba en el otro lado, el del jugador. Los mismos nervios antes de empezar un partido, las mismas molestias musculares tras acabarlo, las mismas emociones al celebrar un gol o una victoria, la misma pena y silencio cuando llegabas al vestuario tras una derrota, y sobre todo la misma sonrisa cuando veía un balón. Afortunadamente el balón ahora lo tienen ellas en sus pies, y yo sólo puedo ayudarlas dándoles herramientas para crecer como futbolistas y como personas. Eso y darles las gracias por hacerme feliz viéndolas felices a ellas, porque para conseguir tus sueños tienes que serlo, y por eso tenemos que luchar.

Rompamos con lo establecido, hagamos ver a todo el mundo que nosotras también jugamos, ayudemos a que esto crezca y pensemos en que, como dijo Pepu: ¡No hay fútbol masculino y femenino. Hay FÚTBOL Y PUNTO!

 

¡Florentino, fíchalas!

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