Tu primer error, tu mejor faceta

Apenas 48 horas han pasado de uno de los momentos más impactantes vistos en el deporte. El que nunca falla atragantó a todo Chile. Su primer error, su mejor faceta. Por eso es tan bonito el fútbol, porque es totalmente impredecible. Y por eso los jugadores viven con una presión que a veces hace imposible gestionar el fallo. Un mar de sensaciones que sólo conoce quien las vivió dentro del verde, y que el propio Chelo Díaz llega a comparar con el suicidio de un hermano.

Es sólo fútbol decían algunos… Si a mí personalmente me dejó tocado ver a Marcelo Díaz roto de dolor ante su error, quise preguntar a mi gran amigo chileno Luis Alfredo Mora para que nos dejara su sentir y pesar, ante una derrota que une. Una derrota que ojalá sirva para futuras batallas y otorgue el premio que se merece a una selección llena de orgullo, coraje y amor por el fútbol. 

Texto de Lucho Mora (guest posting):

Me encontraba yo viendo la final de la copa confederaciones con un grupo de amigos, de esos que son como uno, que vibran con cada jugada pero que no son unos estudiosos del fútbol; aficionados.

Les dije que a mi parecer, debido a una serie de cualidades que todos conocíamos, y que nadie se atrevió a cuestionar (pues habría sido una discusión muy larga y el partido estaba en vivo), el mejor de la selección era Marcelo Diaz.

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Escasos minutos pasaron de mi intervención, cuando el mismo Chelo, comete el error deportivo más grande de su carrera, perdiendo una pelota en la salida, provocando el único gol del encuentro, que a la postre, daría la victoria y el campeonato a la selección Alemana.

Luego del cabreo, el desazón y el mal rato que nos provocó el gol del rival, por supuesto, vinieron las bromas por haber dicho que Díaz era el mejor del campo: “Ahí está tú mejor jugador” dijo uno, entre risas, ironía y decepción. No quise contestar nada, solo me reí y acompañe con un gesto en la cabeza, mientras para mi, pensaba que cómo era posible que él, uno que no se equivoca nunca, uno que juega siempre al pie, uno que le da la dinámica al equipo, uno que corre, uno que ordena, uno que lucha, uno que moja la camiseta…como justo él, entregaba en bandeja de plata la victoria a los teutones.

Y así siguió el encuentro, con Chile sin encontrar el gol y con un Chelo Díaz que no era capaz de volver al juego, que no era capaz de ocultar su dolor. A pesar del apoyo de sus compañeros se le veía desencajado, sentía un peso gigantesco que no le dejaba seguir siendo el de siempre; una pieza fallaba en el motor de La Roja. Pizzi, al no poder ignorar este hecho, lo reemplaza empezando el segundo tiempo, tiempo restante que para Marcelo, sería de todo, menos de descanso. No me puedo imaginar la cantidad de cosas que pasaron por su cabeza en ese momento, el sentimiento de culpa y el dolor de sentir que si las cosas hubieran sido de otra manera, seguiría en la cancha, peleando, como siempre, por ayudar a su equipo a ganar.

Termina el partido, Alemania se corona campeón y al rato pudimos ver a un “Carepato” destrozado, pidiendo disculpas a un país entero, comparando su dolor al de la pérdida de su propio hermano, sumido en un llanto que solo lloran los grandes y que ójala tengamos la posibilidad de llorar. Un llanto de verdad, que demuestra el amor que sientes por tu país y por lo que haces, que trasciende al fútbol, que tiene que ver con sentir que le fallaste a tu gente, a tus seres queridos y a todo lo que defiendes.

Al transcurrir el día de hoy, todos hemos visto como Marcelo se ha disculpado frente a todo Chile, de cómo ha asumido un error tremendamente humano en una carta abierta en donde hace hincapié en lo importante de levantar la cabeza, de ponerse de pie, de secarse las lágrimas, de aprender y de tirar pa´lante. El día de ayer el Chelo nos dio una lección de trabajo duro, vergüenza deportiva, amor por tu trabajo y humildad.

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Estas son las oportunidades que uno espera para decirle al mundo por qué ama a este deporte y por qué vibra con cada pase, jugada, cada regate y cada gol. Por gente como Marcelo Díaz, que es para mí, y respondiendo a mi amigo: si señor, ese es “el mejor jugador de mi selección y hoy es mejor de lo que era ayer”.

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“El cobarde muere mil veces, el valiente solo una”. ¡Arriba Marcelo!

 

 

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