Los amaños y las primas en el mundo del fútbol

Todo lo que rodea al fútbol en estas últimas semanas viene precedido de la palabra presuntamente. Manifestaciones como las que rodean al Barça-Eldense o al portero de La Roda ensucian un deporte que desde hace tiempo no tira la basura. Una basura que ya rebosaba por el contenedor a la vista de todos los vecinos. Era cuestión de tiempo…

Los amaños en el mundo del fútbol son como la corrupción en la política, nadie dice nada pero todos sabemos que existen. “Eu non creo nas meigas, mais habelas, hainas“. En este post quiero hablar de algunas experiencias vividas en mi etapa como futbolista con casos parecidos de amaños y primas que buscan alterar la competición.

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Y no hablaré de casos de amigos que me han contado que equipos de segunda división les ofrecieron 1 millón de euros a repartir en la plantilla por ganar un partido. Hablaré de lo que ví con mis propios ojos. Seguramente una gotita de esta inundación que está desbordando la dignidad y los valores del fútbol.

También creo que no es sólo cosa del fútbol. Seguramente se producirá también en muchos otros deportes. Las primas existían antes de que todos conociésemos la famosa de riesgo, y los amaños se multiplicaron desde que se legalizaron las apuestas. Podría afirmar que el 90% de los jugadores apuesta, alguno de manera casi enfermiza. Hacerlo a resultados de tu equipo es un paso diminuto, casi incontrolable. Culpables muchos, incluidos yo en su día por no denunciarlo.

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Aún recuerdo aquel hotel de la comunidad valenciana donde nuestros entrenador y director deportivo, por miedo a sobornos, nos encerraron en las habitaciones e hicieron guardias en la entrada del hotel. A falta de 10 jornadas para el final de la liga, se rumoreaba que uno de los clubs postulantes al primer puesto,  se reunía con algunos jugadores proponiéndoles contratos para la siguiente temporada a cambio de algún tipo de favor en el partido. Atención especial a porteros, defensas y delanteros. Yo por suerte fui mediocentro, una zona de influencia alejada de las áreas, allí donde se producen las jugadas que alteran el marcador.

Esto causaba el terror de los dirigentes de los equipos, porque en el fútbol nos conocemos todos, y cuando el río suena…

Dos semanas después, enfrentándonos al famoso equipo de los rumores, uno de nuestros defensas cometió un penalti por mano con 1-1 el aquel marcador que reflejaba el minuto 87. Un penalti fortuito…o quizás no tanto. Nunca lo sabremos. Lo que si sabemos es que al terminar aquella temporada nuestro equipo descendió y aquel jugador posaba semanas después en la presentación con la camiseta de su nuevo equipo.

Hablamos de ese mismo jugador que a falta de dos jornadas, con nuestro equipo ya descendido, tras cosechar un empate contra el primer clasificado, apareció en el vestuario con sobres de dinero para todos los jugadores de la plantilla. Sorpresa la nuestra, cuando nos enteramos que teníamos una prima por empatar y otra por ganar. Fijaos lo poco que confiaba en nosotros aquel jugador que ni siquiera lo avisó antes a la plantilla para extra motivarnos.

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En otra ocasión, al llegar al campo hora y media antes de comenzar el encuentro, salimos a ver el terreno de juego mientras los utilleros colocaban la ropa. Durante esos momentos siempre conoces a algún jugador de la plantilla rival e intercambias anécdotas, comentarios e incluso en este caso hablamos de concretar un resultado para el descanso y final del partido con idea de apostar (que un conocido nuestro apostase por nosotros – los jugadores somos cortos pero no tanto).

Ninguno de los dos equipos se jugaba más que el orgullo y la imagen (si os parece poco). A falta de dos semanas para acabar la temporada, pactar un resultado con una gran cuota parecía una opción sencilla e interesante para pagarnos las vacaciones. Todo se quedó en palabras y no llegamos a llevarlo a cabo, pero para que veáis lo sencillo que es “negociar” estos amaños.

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Y por último, esta experiencia me pasó en uno de los mejores vestuarios que recuerdo. A falta de 3 partidos nosotros ya habíamos hecho los deberes y nos enfrentábamos en su estadio a uno de los equipos que en caso de no ganar certificarían su descenso de categoría. Una final para ellos y un trámite para nosotros, hasta que vimos las cuotas de las casas de apuestas. Nosotros teníamos una cantidad elevada de dinero acumulada en el bote del vestuario por las diferentes multas recaudadas a lo largo del año. Viendo la cuota (nos pagaban la victoria a 4,5 euros por euro apostado) decidimos apostar todo por nuestra victoria y jugar el partido como si fuera una final.

Toda persona en aquel vestuario estaba al tanto de aquello. Los titulares volvieron a aparecer en convocatorias y con 0-1 a nuestro favor, el entrenador sacaba defensas como si de la ida de las semifinales de Champions se tratase. Incluso recuerdo a un jugador yéndose a perder tiempo al córner, provocando la ira y frustración de una afición y equipo rival que no daba crédito a lo que pasaba. Muchos nos preguntaban qué equipo que nos había primado. Años después os lo puedo decir: era Bet365!

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Nunca recibí primas por perder, ni participé en amaños de partidos, pero sí conocí casos reales y acepté sacar un dinero extra por ganar (en algún caso sin ni siquiera saberlo). Si esa parte sería lícita o no, ya lo dejo a vuestra opinión. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Conocéis algún otro caso?

 

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